Educación para la democracia y la legalidad
La educación para la democracia y la legalidad convierte a los estudiantes en protagonistas y, es decir, capaces de ejercer sus propios derechos-deberes de ciudadanía. Estos se manifiestan en el respeto de las reglas y en la participación en la vida civil, social, política y económica.
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La enseñanza de la legalidad constituye una de las fronteras educativas más importantes y tiene como objetivo principal crear un círculo virtuoso entre los jóvenes ciudadanos y las instituciones para incentivar la asunción de responsabilidad del individuo hacia la colectividad.
(Ministerio de Educación)
¿Pero cómo sensibilizar a los jóvenes sobre temas como la participación democrática, la solidaridad y el compromiso civil, en apariencia abstractos y lejanos de su cotidianidad basada en la concreción y donde el hacer y el actuar aún no han dejado espacio a la reflexión y la abstracción?
¿Cómo dar a conocer a las nuevas generaciones lo que realmente es la legalidad, tratando de lograr que puedan interiorizar sus reglas y hacerlas propias?

El teatro resulta ser una herramienta potentísima y eficaz para alcanzar estos objetivos.
De hecho, el teatro es una forma creativa de conducir a los jóvenes a través de un recorrido que parte de estimular su curiosidad, la investigación (de hechos, sucesos, personas, ...), la argumentación y el enfrentamiento con el otro para escribir el guion teatral, hasta llevarlos a vivir nuevas historias y emociones en la realización de un espectáculo final.
Gracias a la actividad de laboratorio teatral, los jóvenes podrán entrar en cada situación, moverse en universos imaginados como si fueran realidades reales. Entrar en otros personajes y ponerse en su lugar significa cambiar de punto de vista, modo de ver y de sentir, por lo tanto, abrirse incondicionalmente al otro, percibiéndolo ya no como lejano, sino como un hermano con el que se entra en empatía. Representar una escena se convierte en ponerse nuevos vestidos y nuevas emociones. El teatro no es solo aprenderse frases de memoria y recitarlas en un escenario, sino trabajar introspectivamente sobre la
persona, que así se encontrará experimentando y tocando de cerca fenómenos de racismo, acoso escolar, infancia violada, droga, mafia, migración, libertad y violación de derechos.

Gracias a estas experiencias “directas”, será más sencillo compartir el pensamiento que hay detrás de una ley y llegar no solo a no infringirla, sino a comprender la responsabilidad de dar voz a quien a menudo no la tiene y de utilizar el teatro para hacerlo.
Los jóvenes, a través de la forma de expresión artística del teatro, descubriéndose a sí mismos como parte de una colectividad, se convierten en ciudadanos activos y conscientes.




