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Teatro Negro de Praga: arte y creatividad en una ciudad mágica

05-10-2022 13:11

Dra. Donatella Cipolato

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Teatro Negro de Praga: arte y creatividad en una ciudad mágica

Praga es muchas cosas, como se ha dicho, y entre ellas también es teatro. El Teatro Negro de Praga: nombre misterioso y fascinante.

 

 


Equilibrio y creatividad

 

 

 

 

Durante el puente del último ferragosto, en las únicas mini-vacaciones que pude hacer este verano, visité Praga. Era un viejo deseo finalmente concretado gracias también a la complicidad de una amiga muy querida con la que comparto una especie de bulimia por los libros y los viajes. En cuanto a los primeros, el acercamiento es decididamente más rápido y fácil, mientras que para los segundos las cosas se vuelven obviamente más complejas, por el natural proceso organizativo. 

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Pero a menudo hay, entre libros y viajes, un hilo que los une de manera, me atrevería a decir, casi visceral. Así que las atmósferas respiradas una y otra vez a través de los relatos de Kafka nos llevaron directas al barrio judío y sus numerosas y extraordinarias sinagogas, el cementerio, sombrío y fascinante, el Golden Lane, el callejón dorado, donde vivió el escritor checo y donde parece que uno es catapultado por una máquina del tiempo o en una escenografía cinematográfica. Que al final viene a ser un poco lo mismo.

Si tuviera que elegir una palabra para resumir Praga, creo que sería equilibrio. Existe, de hecho, una sorprendente convivencia – y me atrevería a decir también una connivencia – entre lo viejo y lo nuevo, entre arquitectura antigua y moderna, entre callejones de piedra y espacios verdes.  Una feliz mezcla de estilos, cada uno, sin embargo, bien decidido a reivindicar su propia gloriosa y histórica existencia. Y un río de famoso nombre musical que, orgullosamente socarrón, fluye por las venas de la ciudad probablemente más bella de la Mitteleuropa. Praga es muchas cosas, como se ha dicho, y entre ellas también es teatro.

Uno de los objetivos que me había propuesto alcanzar, siempre ha sido el Teatro Negro de Praga. El nombre mismo es misterio y fascinación.

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Una amabilísima empleada de la oficina de información (por cierto, los praguenses son en general personas muy corteses y disponibles) nos explicó que hay más de un Teatro Negro en Praga, seguramente dos: El Black Light Theatre y el Wow Black Theatre. El primero es el tradicional, nacido a mediados del siglo pasado pero que sin duda hunde sus raíces en el teatro ilusionista de finales del ochocientos y en la tradición circense. Su característica es precisamente la de estar hecho de escenas totalmente negras, con actores vestidos de negro (y por tanto no distinguibles) que así dan vida a los objetos dejándolos flotar en el aire o interactuando con ellos, creando situaciones realmente asombrosas. 

 

Más reciente el Wow Theatre, de impronta más tecnológica y pirotécnica. Por cuestiones de fechas solo pudimos asistir a una noche del Wow Theatre pero esto no nos impidió quedarnos igualmente asombradas por los efectos creados en la oscuridad. Además, el público era en gran parte de niños y fue claro desde el principio que ellos eran los principales destinatarios de las maravillas ofrecidas por el espectáculo. 

Para llegar se entra en una calle lateral de una de las principales calles peatonales, pasando por una galería bastante anodina, internamente revestida sobre todo de persianas bajadas (lo cual, dada la hora, tenía sentido). En la entrada del único espacio abierto de la galería, un enérgico señor, un poco simpático animador y un poco moderno jefe de compañía, nos recibía a los espectadores mientras cortaba entradas, ofrecía bebidas y nos entregaba unos palitos fluorescentes cuyo uso solo después comprendimos.

Como se dijo al principio, se trata básicamente de un espectáculo hecho de mimos vestidos totalmente de negro, caras incluidas, que se mueven con acrobacias y volteretas en el escenario también vestido de negro. No hay una trama, sino varios cuadros que contienen pequeñas historias que a veces cuentan un poco nuestras fantasías y nuestros miedos y a las que de vez en cuando, invitados también por los gestos de la actriz-mimo que servía de nexo entre los distintos momentos, respondíamos desde la platea agitando los palitos fluorescentes, creando un vivísimo juego de luces de colores.

Sencillo, casi infantil, se podría decir. Y sí, infantil lo era, pero en el buen y justo sentido del término. Creo que un espectáculo así devuelve a los niños el derecho de saborear la magia con la sorpresa que naturalmente la acompaña, y a los adultos la oportunidad de hacer revivir la misma alegría al YO  niño que cada vez más a menudo se tiende a negar y a aplastar en nombre del vivir cotidiano. Asistía al show pero también miraba a mi alrededor y pensaba que la magia era también ver a estas familias jugar entre ellas y con los objetos y los grandes, ligeros balones de colores lanzados desde el escenario hacia la platea, y luego el momento en que los mimos disfrazados de grandes arañas se lanzaban sobre el público provocando gritos de ese susto que no es verdadero susto, conscientes de que en cualquier caso siempre se trata de ficción. Un poco como cuando se lee un cuento donde hay dragones que escupen fuego y brujas malas de las que el niño sí tiene miedo pero que sabe bien que al final serán justamente y despiadadamente castigadas.

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No vi niños llorar ni quedarse en shock y si el espectáculo se representa desde hace tanto tiempo sin causar daños, por algo será.

Al salir me preguntaba: ¿existe en Italia un teatro de este tipo? ¿Se hace lo suficiente para desconectar a adultos y niños de la tele y de varios dispositivos devolviéndolos al contacto con la fisicidad concreta y artesanal del teatro? Quizás puedan parecer preguntas surgidas de un alma invadida por una visión nostálgica de las cosas, pero quien escribe, os lo aseguro, es una apasionada de todo lo que tiene que ver con la innovación tecnológica e informática. 

 

Al mismo tiempo, también por experiencia personal, sé de la existencia de profesores, formadores, personas preparadas que se esfuerzan mucho precisamente para contribuir a acercar a los niños y jóvenes a ese tipo de conexión, a reconducirlos hacia sí mismos, a tomar conciencia de su propio YO y de su personalidad, a formarse críticamente y con empatía, a confrontarse con los demás y de este modo aprender a escucharse y escuchar.

Sin embargo, me queda dentro la sensación de que la oferta cultural es limitada y que el teatro sigue siendo tercamente vivido como "lugar" y no como "experiencia".

Como siempre, bastaría con lograr hacer convivir las cosas cum grano salis y esa cosa tan difícil de encontrar y que Praga tanto me ha inspirado: equilibrio.

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