Figuras
Profesionales
En la Formación Teatral es un grave error creer en la unicidad de una figura profesional. Para alcanzar un camino formativo de crecimiento y desarrollo, es fundamental diferenciar los roles y las figuras que ocupan los distintos pasos de un recorrido didáctico. Las figuras más solicitadas y más idóneas para alcanzar objetivos concretos son las siguientes: Animador Teatral, Educador Teatral y Formador Teatral.
A continuación vamos a entender mejor y analizar en detalle estas figuras:
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La Animación Teatral no es solo un enfoque lúdico hacia cualquier iniciativa de grupo, o una manera divertida de hacer las cosas juntos o aprovechar las técnicas derivadas del teatro para aumentar la cohesión de un grupo inicialmente heterogéneo de personas, sino una forma de "sacar" los recursos que cada uno de nosotros posee dentro de sí y que a menudo ni siquiera sabemos que tenemos.
El objetivo es ayudar a los niños a crecer sin, sin embargo, perder la capacidad que tienen de jugar con el mundo. En este contexto la figura del Animador Teatral es importantísima: pone la atención en el valor pedagógico y educativo de las artes para que incidan en la realización, la comunicación, así como en la calidad de vida de la persona, ayudando en su crecimiento y desarrollo global. El teatro y/o las artes expresivas en vivo se convierten en instrumentos, medios, caminos a través de los cuales la persona es impulsada a buscar dentro de sí los medios expresivos que necesita para poder contar y contarse.
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La Educación a la Teatralidad, en cambio, tiene como objetivo tanto educar a los más pequeños a través de las artes expresivas, como educarlos en las artes expresivas desarrollando la creatividad y la expresividad personal de cada uno. El Educador Teatral es un experto que se ocupa de teatro, un experto externo al entorno en el que va a operar, pero que tenga una base, aunque sea mínima, de lo que es la disciplina teatral. La figura del educador desempeña un papel fundamental en el ámbito escolar, su objetivo es alcanzar los objetivos que la escuela se propone año tras año, es considerado un potencial.
Es fundamental estar al tanto de a quién se tendrá delante: la educación para niños y jóvenes no es la educación para adultos, toca cuerdas completamente diferentes. El Educador Teatral, al igual que los maestros escolares, necesita la programación y la creación de un recorrido didáctico que difiere para las diferentes edades de los alumnos.
El Teatro como materia y recorrido didáctico junto a las materias escolares básicas, lleva a una conciencia que educará a los niños y jóvenes tanto en la gestión de sí mismos, en crear una acción, como en la gestión del espacio que los rodea y en la interacción con otros individuos.

El Formador, en cambio, es un profesional que tiene la tarea de moldear las dotes artísticas de un aspirante a actor o director; le enseña cómo sacar lo mejor de sí mismo, manteniéndose en equilibrio consigo mismo, sin desestabilizarse. Será fundamental para el futuro de quien quiera entrar de lleno en el mundo de la actuación cinematográfica o teatral o de la enseñanza de las mismas. Se trata, por tanto, de una figura de valor irrenunciable para hacer verdadero teatro pero, actualmente, en Italia, esta crucial profesión de prestigio se mueve en un escenario dominado por la ambigüedad, sin reglas precisas. Basta mirar al resto de Europa, donde hace tiempo se ha reconocido el valiosísimo papel de la profesión de Formador, para entender cuán importante es disciplinar correctamente la formación específica que el Formador Teatral debe seguir para ingresar en un mercado que continuamente y urgentemente requiere este tipo de figura.
Seguir un recorrido didáctico teatral idóneo y consciente, es el primer paso para un crecimiento individual progresivo y responsable.



