adsc_9642%20-%20claudia%20tronci.jpeg

SICILIA

CAMPANIA

MARCHE

chatgpt image 12 nov 2025, 23_56_05
chatgpt image 12 nov 2025, 23_56_05

AEFT todos los derechos reservados 2025

 

Sede Legal via dell'Industria 1 San Cesareo - RM

P.Iva 17323211007 - 3286177638 / 379 225 7780 - segreteriaformatoriteatrali@gmail.com

Cookie Policy  |  Privacy Policy

Actuar para aprender: el teatro como herramienta educativa en la escuela primaria

04-09-2025 19:40

Director - Daniel De Rosa

Información, Cultura, scuola, teatro, aeft, aeft-magazine, teatro-e-educazione-personale, studio-e-ricerca-aeft,

Actuar para aprender: el teatro como herramienta educativa en la escuela primaria

El teatro en la escuela primaria no es una actividad accesoria, sino una verdadera herramienta educativa capaz de transformar el aprendizaje.

 

 

 

Actuar en la escuela no es un juego, es un acto educativo que enseña a conocer, a crecer y a vivir juntos

 

 

 

En la escuela primaria el teatro no es un “extra” ni un paréntesis recreativo, sino una práctica didáctica de alta densidad formativa. Actuar para aprender significa transformar el tiempo escolar en un laboratorio vivo, en el que cuerpo, voz, imaginación y relación se convierten en vías privilegiadas de acceso al conocimiento. En esta perspectiva, plenamente coherente con el método AEFT, la escena no es el fin de estar juntos, sino el medio para activar procesos cognitivos, emocionales y sociales que hacen que el aprendizaje sea significativo, inclusivo y duradero.

El marco teórico que sostiene el “actuar para aprender” dialoga con algunas tradiciones sólidas de la pedagogía. Con Dewey, la escuela se configura como experiencia que se construye en la acción y en la reflexión sobre ella: el learning by doing teatral convierte al alumno en protagonista de tareas auténticas, situadas, cooperativas. Con Vygotsky, el aprendizaje nace en la interacción social: la acción, el diálogo escénico y la construcción coral de historias funcionan como dispositivos para moverse dentro de la zona de desarrollo próximo, sostenidos por una dirección didáctica que ofrece andamiaje progresivo. Con Bruner, la narración se convierte en estructura cognitiva: la escena es un ambiente que organiza conocimientos y vivencias en tramas dotadas de sentido, favoreciendo la transferibilidad y la memorización. Con Kolb, el ciclo del aprendizaje experiencial encuentra en la práctica teatral una forma natural: experiencia concreta, observación reflexiva, conceptualización y nueva experimentación se suceden en cada ejercicio, ensayo y devolución. La referencia a Montessori y Malaguzzi permite anclar el cuidado del ambiente, la centralidad del cuerpo y de la manipulación simbólica a la calidad del espacio escolar, mientras que el eco freiriano recuerda que el teatro es también concienciación: una educación dialógica y problematizadora, capaz de poner en palabras y en gestos el mundo.

La eficacia del trabajo teatral se comprende también a la luz de las ciencias cognitivas. La implicación del sistema de neuronas espejo sostiene procesos de imitación, resonancia empática y comprensión motora de la acción ajena; la integración sensoriomotora refuerza la atención sostenida y la memoria de trabajo; la componente rítmica, respiratoria y vocal contribuye a la regulación emocional. El aprendizaje embodied, que conecta intención, gesto y lenguaje, permite resignificar los contenidos disciplinares más allá de la lección frontal, apoyando el desarrollo de funciones ejecutivas, autorregulación y competencias socioemocionales. En esta perspectiva, actuar no es “imitar”, sino reorganizar la experiencia a través del cuerpo pensante.

En el vocabulario AEFT la distinción entre teatralidad y actoralidad es decisiva. La teatralidad se refiere al dispositivo escénico, los códigos, las convenciones del “hacer teatro”; la actoralidad es calidad de la presencia: es conciencia del gesto, escucha, responsabilidad relacional, capacidad de estar en el aquí y ahora con intención clara. En la escuela primaria cultivar la actoralidad significa educar a la presencia consciente, a la palabra que no hiere, al contacto respetuoso de los propios límites y los ajenos. A resguardo de esto está la Línea de Dignidad AEFT: seguridad psicofísica, inclusión, tiempos de palabra equilibrados, derecho al error, cuidado del grupo y de las singularidades. Esta línea no es un reglamento externo, sino la gramática ética que convierte el laboratorio en un espacio realmente educativo.

“Actuar para aprender” persigue objetivos integrados. En el plano corporal desarrolla conciencia postural, control respiratorio, coordinación fina y gruesa; en el plano cognitivo refuerza atención, memoria, flexibilidad y pensamiento narrativo; en el plano lingüístico apoya léxico, prosodia, comprensión inferencial y competencias pragmáticas; en el plano socioemocional cultiva empatía, cooperación, gestión de conflictos y autoestima. Los efectos disciplinares son transversales: en lengua italiana la dramatización apoya la comprensión y producción textual; en historia favorece la comprensión de los nexos causales a través de la “puesta en escena” de fuentes y personajes; en ciencias ayuda a modelizar fenómenos; en lenguas vehicula léxico y funciones comunicativas en situaciones significativas; en educación cívica realiza prácticas de ciudadanía activa.

La metodología AEFT se articula en algunos principios. Safety y warm-up: se inicia con rituales sencillos de anclaje corporal y vocal que construyen confianza, presencia, energía. Progresividad: de los ejercicios de escucha y juego simbólico se pasa a improvisaciones guiadas y luego a breves tramas dramatúrgicas, graduando complejidad y demanda cognitiva. Co-construcción: el contenido nace del encuentro entre objetivos del docente y propuestas de los alumnos, para alimentar agency y ownership. Alternancia reflexiva: cada práctica prevé momentos de metacognición individual y colectiva; la palabra “sobre el hacer” consolida aprendizajes. Cuidado de los roles: se alternan de manera intencionada funciones escénicas (actor, narrador, director de escena, observador) para valorar diferentes perfiles de participación. Devolución medida: se privilegian devoluciones internas breves y frecuentes, evitando la deriva del “espectaculito” final como único objetivo.

Supongamos una unidad de aprendizaje de cuatro semanas sobre el tema “Los ecosistemas”. En la primera semana se activan imaginación y cuerpo con juegos de rol entre elementos bióticos y abióticos, primeras improvisaciones de relación (depredación, simbiosis) y diario reflexivo. En la segunda semana se construyen cuadros escénicos “a imagen” para representar equilibrios y desequilibrios, introduciendo léxico específico y mapeo conceptual compartido. En la tercera semana se elaboran micro-dramaturgias guiadas que cuentan el ciclo del agua o una cadena alimentaria, con rotación de roles y feedback descriptivo del grupo. En la cuarta semana se propone una devolución interna en forma de “galería de escenas” con tareas de observación, reelaboración escrita individual y conexiones interdisciplinarias con educación cívica. Cada encuentro integra warm-up, exploración, composición y reflexión, en sesiones de 60–90 minutos.

Tres dispositivos resultan particularmente eficaces. La improvisación guiada, que establece marcos claros y consignas abiertas, permite exploración sin ansiedad de desempeño, desarrollando creatividad regulada. La narración coral, en la que la historia nace del relevo de voces y gestos, favorece cohesión y capacidad de co-construir sentido. El teatro-imagen, que fija en tableau relaciones y conceptos, resulta potente para la inclusión de alumnos con necesidades comunicativas complejas, porque el cuerpo “habla” antes que las palabras, y es útil también para la evaluación formativa visual. A estos se suman ejercicios de voz, juegos de estatus para trabajar sobre poder y empatía, ejercicios de atención compartida y técnicas de dirección participada para diferenciar las responsabilidades.

El teatro ofrece un terreno privilegiado para el Universal Design for Learning. La multiplicidad de canales (corporal, visual, sonoro, verbal) crea accesos diversificados; los roles flexibles permiten modular exposición y carga cognitiva; la dimensión cooperativa apoya a quienes son frágiles en el plano ejecutivo o relacional. Para DSA y BES se prevén consignas fragmentadas, modelado visual, tiempos de anticipación y check-list de apoyo; para altas capacidades se ofrecen tareas de dirección, reescritura o tutoría entre pares. En cualquier caso, la Línea de Dignidad protege el clima: se trabaja el error como recurso, la protección frente al juicio lesivo, el cuidado de la palabra.

La evaluación en la práctica teatral AEFT es predominantemente formativa y orientada a evidencias observables. Se utilizan rúbricas claras, portafolio con registros fotográficos o notas de campo, micro-autoevaluaciones guiadas y diarios reflexivos. Las pruebas auténticas no se agotan en la representación, sino que pueden consistir en la conducción de un ejercicio por parte de un alumno, en una breve escena explicativa de un concepto disciplinar, en una explicación coral a compañeros de otra clase. El feedback es descriptivo, oportuno, anclado a comportamientos y no a etiquetas.

El docente actúa como director pedagógico: prepara espacios y materiales, define rituales, modela el comportamiento esperado, observa, interviene con preguntas generativas, negocia reglas con el grupo, garantiza ritmo y cuidado. La gobernanza se basa en consignas breves y precisas, tiempos marcados, señales no verbales compartidas, rotación de roles, momentos de debriefing. La alianza educativa con familias y colegas sostiene continuidad y sentido, favoreciendo la transferibilidad de las competencias fuera del laboratorio.

Cada actividad se desarrolla respetando la seguridad física y psicológica. Se establecen límites claros para el contacto, se cuida la accesibilidad de los espacios, se adoptan prácticas de consentimiento consciente en las propuestas que implican emociones intensas. La protección de la dignidad de cada uno es condición de posibilidad del trabajo teatral: sin este resguardo, el aprendizaje se debilita y la experiencia corre el riesgo de herir.

“Actuar para aprender” es una apuesta educativa que la escuela primaria puede ganar, si está sostenida por una metodología rigurosa y una visión integrada de la persona. En el horizonte AEFT, el teatro se convierte en acto educativo y social, lugar en el que conocer es un verbo que involucra mente, cuerpo y relación. La escena, en esta perspectiva, no es una meta para exhibir, sino un dispositivo para aprender a estar en el mundo: con conciencia del gesto, responsabilidad hacia el otro y deseo de comunidad.

Crear una página web | Página web gratis