Niños y Teatro
El teatro es un arte social porque hace y crea comunidad. Es un vehículo para trabajar sobre los individuos y los grupos: permite reflexionar sobre el cuerpo y la voz, sobre las energías, la atención, la relación con los objetos, la memoria y la identidad, la percepción y la relación con el tiempo y el espacio, el descubrimiento, el encuentro y el diálogo con el otro, la interacción verbal y corporal, la identificación de los roles y de las identidades individuales y colectivas, la creación de un sentir y de lenguajes comunes. Es una poderosa herramienta de formación que permite recuperar la propia naturaleza original de ser humano.

Hacer teatro con los niños significa, ya desde el principio, educarlos en la relación respetuosa, impregnada de amabilidad y autenticidad. Durante el recorrido teatral, de hecho, el niño tiene la posibilidad, sin ningún esfuerzo, de explorar el complejo panorama de las emociones, de transformar su propio cuerpo, de hacer tangible su imaginación.
El teatro es la tierra del juego: todo pasa a través del filtro lúdico. Se aprende a respirar imitando a un lirón y a un leopardo, se aprende a subir y bajar la propia voz haciendo una mariposa y un león. Se conoce el propio cuerpo dando un paseo como si uno fuera un abuelo muy anciano, se aprenden las emociones poniéndose en la piel de un príncipe o de una princesa.
El teatro vence el odio, porque es la tierra de la no violencia: las diferencias se convierten en virtudes, la lentitud y la velocidad adquieren el mismo valor. Hay una historia y un personaje listo para esperar a cada uno de nosotros: solo hace falta llevar el teatro a todas partes.




