adsc_9642%20-%20claudia%20tronci.jpeg

SICILIA

CAMPANIA

MARCHE

chatgpt image 12 nov 2025, 23_56_05
chatgpt image 12 nov 2025, 23_56_05

AEFT todos los derechos reservados 2025

 

Sede Legal via dell'Industria 1 San Cesareo - RM

P.Iva 17323211007 - 3286177638 / 379 225 7780 - segreteriaformatoriteatrali@gmail.com

Cookie Policy  |  Privacy Policy

La escucha como tecnología educativa: el teatro como arquitectura de la empatía

04-12-2025 21:00

Redazione AEFT

Información, Cultura, educatore-teatrale, pedagogia, aeft-magazine, teatro-educativo, empatia, pedagogia-teatrale, teatro-didattico,

La escucha como tecnología educativa: el teatro como arquitectura de la empatía

La escucha como arquitectura de la empatía: el teatro se convierte en un espacio educativo donde la presencia, la relación y la conciencia transforman la experi

 

 

 

En el silencio entre dos respiraciones se construye la parte más compleja de la educación: el arte de percibir al otro sin invadirlo.

 

 

 

En la sociedad contemporánea, sumergida en palabras que se superponen y notificaciones que interrumpen toda forma de concentración, la escucha está convirtiéndose en una de las competencias humanas más valiosas. Ya no se trata de un gesto cortés o de una actitud pasiva: es una verdadera herramienta cognitiva, una función educativa que permite a la persona orientarse, comprender y construir relaciones sólidas.
El teatro hace de esta habilidad un arte.

En la práctica escénica, escuchar significa “habitar” el momento presente con una calidad de atención que involucra cada capa de la persona: músculos, respiración, imaginación, memoria emocional, posturas, micro-tensiones. La escucha teatral no permanece confinada a los oídos, sino que atraviesa todo el cuerpo. Cada sonido, cada gesto del otro se convierte en una señal que acoger, no en algo que descifrar inmediatamente. Es una escucha que precede al juicio, que suspende la urgencia de responder, que deja espacio al surgimiento de nuevas posibilidades.

chatgpt-image-2-dic-2025-23_31_23.png

Quien ha experimentado un laboratorio de teatro lo sabe bien: la escena educa a una atención más amplia, más fina.
Desarrolla una forma de percepción capaz de captar matices invisibles en la cotidianidad: un movimiento vacilante, una respiración contenida, una vibración de la voz que revela una emoción antes incluso de que sea nombrada.
Esta sensibilidad no produce solo actuaciones más auténticas; transforma la manera en que uno se acerca al otro.

Cuando una persona se siente realmente escuchada – en el cuerpo, en la voz, en la presencia – ocurre un cambio profundo: crece el sentido de seguridad, se reduce la tensión, se abre la posibilidad de ponerse en juego sin defensas. La pedagogía rogeriana lo definiría como “clima facilitador”; el teatro lo traduce en una experiencia concreta, vivida en la relación directa entre quien habla y quien recibe.

Las neurociencias añaden una pieza más: durante un ejercicio escénico, los ritmos corporales tienden a sincronizarse. La respiración se armoniza, las pausas se alinean, el tono energético del grupo se convierte en una sola ola. Esta resonancia genera colaboración espontánea y favorece la regulación emocional. No es magia teatral: es fisiología relacional.

En el plano educativo, la escucha representa una responsabilidad.
Cada grupo, cada aula, cada laboratorio funciona solo si quien lo guía sabe percibir lo que no se dice, reconocer tensiones sutiles, interceptar necesidades latentes. La improvisación pedagógica fracasa donde falta escucha; el cuidado, en cambio, nace precisamente de esta disponibilidad a dejarse tocar por la presencia ajena.

En la experiencia AEFT, la escucha no se considera una “soft skill”, sino la columna vertebral de todo el método. Es la cualidad que sostiene la ética de la relación, que da forma a la escena educativa, que orienta el recorrido sin rigidizarlo.
Es lo que permite al educador teatral convertirse en un punto de referencia creíble, capaz de guiar sin invadir y de sostener sin sustituir.

El teatro, en el fondo, nos recuerda algo simple pero esencial: la escucha es un acto creativo.
Genera significado.
Reorganiza el caos.
Da dignidad al otro y estructura a la relación.
Y sobre todo, hace posible lo que tantas prácticas educativas luchan por lograr: un encuentro auténtico.

En un mundo que habla demasiado y comprende poco, educar en la escucha significa formar ciudadanos más conscientes, profesionales más sensibles y comunidades más cohesionadas.
Significa elegir una pedagogía que no se conforma con transmitir contenidos, sino que construye humanidad.

 

© 2025 AEFT – Academia Europea de Formadores Teatrales. Textos, imágenes y contenidos son obras originales protegidas por la Metodología AEFT.
Está prohibida la reproducción sin autorización escrita de la Academia. Todo uso debe respetar la visión pedagógica y la integridad metodológica AEFT.

Crear una página web | Página web gratis